¿El café o los bosques? rompiendo la dicotomía entre la mejora productiva y la lucha contra el cambio climático

Por María Claudia Valdivia, líder en Negocios Verdes, y Gabriela Ramos el 29.11.2021

¿El café o los bosques? rompiendo la dicotomía entre la mejora productiva y la lucha contra el cambio climático

Melanio Saavedra, productor cafetalero del caserío de Santa Fe en Cajamarca, revisando la calidad de sus plantones.

El café es un motor de desarrollo: es la principal fuente de ingresos para más del 30% de la población de la Amazonía peruana, y su producción está inmensamente liderada por las y los pequeños agricultores, quienes representan el 85% de la producción nacional. Por ello, cuando hablamos de cómo la pandemia afectó esta cadena, hablamos en gran medida de cómo la experimentaron y experimentan las miles de familias caficultoras expuestas al virus, quienes sufrieron una pérdida de ingresos y cuya seguridad alimentaria aún se encuentra en riesgo.

Sin embargo, la situación anterior a la pandemia tampoco era la mejor: el cultivo del café se ve gravemente afectado por el cambio climático. En los próximos sesenta años, hasta el 40% de la superficie cafetera del noreste de Perú podría dejar de ser apta para este cultivo. Pero, ¿por qué sucede esto?

Genaro Alarcón, productor cafetalero y de madera, contemplando sus árboles madereros en el caserío de Santa Fe, Cajamarca.

El café se cultiva en tierras montañosas, ya que el café de buena calidad requiere temperaturas frescas. Con el aumento de las temperaturas globales, los agricultores se han visto obligados a cultivar el café a altitudes cada vez mayores en busca de temperaturas acordes con una producción de calidad. Este movimiento del cultivo intensivo hacia zonas más elevadas conduce a la deforestación, lo que agrava el aumento de las temperaturas y el cambio climático. Este círculo vicioso perjudica tanto a los pequeños agricultores como al planeta.

Hoy, con la COP26 tan fresca en nuestras mentes, debemos reconocer más que nunca la urgencia de romper este statu quo. El desarrollo a costa nuestro planeta y nuestros ecosistemas tiene impactos tangibles en nuestro hoy y puede pasar una dura sentencia a nuestro futuro. Sin embargo, esta situación puede cambiar.

Para que el Perú sea capaz de cumplir sus compromisos en torno a mitigación y adaptación, necesitamos promover sistemas agrícolas sostenibles. Para esto, desde Practical Action promovemos sistemas agroforestales en torno a la cadena de valor del café. Esto no solo evita que los agricultores continúen migrando y talando los bosques, sino que les permite generar medios de vida sostenibles.

Un sistema agroforestal multiestrato ve a los bosques y a la biodiversidad local de las zonas de cultivo de café no como competencia, sino como posibles aliadas para fortalecer los cafetales. Así, con control y planificación, árboles como el cedro, caoba, laurel y otros pueden proveer de sombra a los cultivos, plantas leguminosas formar coberturas vivas que fortalezcan el suelo y otras pueden brindarnos ingredientes para plaguicidas naturales, que no afectan negativamente los suelos. Esta y múltiples estrategias similares pueden hacer frente a la deforestación, evitan el agotamiento de la biodiversidad y la fertilidad del suelo, mejoran la calidad de la nutrición y garantizan la seguridad alimentaria.

Yen Quispe, promotor de conservación en San José de Lourdes, Cajamarca.

La agroforestería es una estrategia de triple beneficio: ayuda a los pequeños agricultores a adaptarse al cambio climático y a asegurar ingresos estables mediante la creación de más de 150.000 medios de vida rurales, apoya al gobierno de Perú en el logro de sus objetivos de reducción de emisiones y, finalmente, aumenta la proporción de café producción y exportaciones en el PIB peruano.

Las estrategias basadas en ecosistemas deben diseñarse desde un enfoque comunitario, considerando las necesidades, el contexto y la cultura de las comunidades, buscando fortalecer lo que ya es poderoso y arreglar lo que no está funcionando. Asegurarnos de que las comunidades no solo tengan espacios para conocer estas prácticas, sino ser partícipes de los procesos de planificación conducirán a un cambio transformador. Las y los productores deben liderar este cambio.

También debemos dejar de pensar en cambios radicales a corto plazo. Cuando hablamos de agroecología y prácticas regenerativas, estamos hablando de soluciones a largo plazo. El cambio que hacemos en la estructura del suelo y los sistemas agrícolas no puede ser comparado con la producción tradicional / industrial y sus resultados en el suelo y la productividad.

Plantones de café aún en bolsa que serán trasplantados a suelo firme.

Necesitamos que los gobiernos comiencen a promover este tipo de práctica, a través de sus compromisos internacionales, como han hecho estas semanas de Glasgow, pero también a través de sus regulaciones comerciales, asegurándose de que la producción orgánica se coloque en una posición prioritaria. Necesitamos, también aumentar la financiación que se destina a proyectos y estrategias de adaptación. Solo el 20% de toda la financiación climática se ha destinado a la adaptación y el resto de fondos a la mitigación.

Es mi esperanza que el sector privado, especialmente en un contexto de mayor ambición climática, también haga suyo este llamado. La construcción de un sistema productivo en el que la sostenibilidad y el progreso van de la mano no es un imposible, sino proyecto conjunto que requiere nuestra atención de modo urgente. Compañías como Facebook, con quienes hemos tenido la oportunidad de compartir perspectivas durante el Climate Justice Summit, están abiertas a esta conversación. Esperamos que más puedan sumarse.

Un gran cambio para nuestro mundo comienza en cada finca que apuesta por estrategias de sostenibilidad; en cada grano de café que es cosechado no de suelos que hemos quitado a los bosques, sino que hemos reforestado. La semilla está puesta. Y, en el caso de la producción cafetalera peruana, sabemos cómo hacerla crecer.